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Lo sabes tú, lo sé yo, lo sabemos todos. Queremos un cambio. Nos urge un cambio. Queremos sacar a los asesinos que están en el poder, a los corruptos, a los cínicos, ineptos y ladrones. No podemos esperar, estamos cansados de la muerte impuesta, de las niñas y niños que mueren cruzando la frontera, que mueren de hambre en su casa, que mueren quemadas en el hogar seguro. La falta de trabajo, la violencia, la marginación, la explotación sin sentido de la naturaleza y la desigualdad son sólo síntomas de una enfermedad más grave. El Estado Guatemalteco fue fundado sobre el machismo, el racismo y el clasismo. Los gobiernos pasados solo han beneficiado a los ricos pagando con la muerte de los pobres. Los gobiernos eligen el dinero por encima de la vida. Nuestro territorio está enfermo, nos duele el corazón ante la realidad que nos toca vivir todos los días.

En medio de un proceso electoral seco, indignante, aburrido, se encendió una lucecita. Thelma Cabrera y lo que representa encendió una llama de esperanza y con ella pudimos ver el rostro de una mujer mam humilde, de mirada profunda y cansada, que con una voz que viene de otros tiempos nos habla de dignidad, de elegir la vida por encima del dinero, de defender a la madre tierra, de un gobierno plurinacional, de regresarle al pueblo sus riquezas. Y su palabra encendió nuestros corazones, nos contagió un sentimiento que hacía mucho no sentíamos. Y el fuego se compartió y creció. En medio de las elecciones hicimos una fogata inmensa.

Juntando el fuego nos vimos las caras. Vimos pueblos enteros, la historia larga de aquellas y aquellos que luchan por mantener viva su identidad, su lengua, su cultura, la defensa de la vida y la memoria. Pero también vimos a otras, otros, otres, del campo y de la ciudad, de las redes y las calles, de otras Guatemalas profundas que existen porque resisten todos los días la violencia y el despojo pero aún conservan la ternura.

Por un instante hubo silencio, en lo que entendimos dónde estábamos. Y luego música y baile, memes y calles llenas de esperanza y urnas desbordadas de nuestro anhelo de cambio. Se juntaron las manos, se juntaron las cabezas y los corazones para hacer crecer un mensaje alegre, irreverente, profundo. Se escuchó cerca y lejos, porque en todos lados estamos quienes quieren un cambio.

Y el domingo en la noche, la nerviosa expectativa. Pero cuando salga un hombre trajeado a dar los resultados de las elecciones, sabemos que ya ganamos.

Siempre hace más frío durante la aurora. Los resultados electorales van a soprender a todos o no van a sorprender a nadie. Viene una segunda vuelta, vienen más escándalos, vienen más amenazas, detenciones por corrupción. Desde arriba infunden miedos y violencias. El narcotráfico, los militares, los empresarios, el capital extranjero sigue peleándose por repartirse este territorio que llamamos Guatemala. Nada se transforma, pero cambiamos. Porque aquí hace frío, pero a nuestro lado hay otras, otros, otres que también saben que ganaron. Ganaron porque saben que no están solos. Que somos más quienes queremos un cambio profundo, somos más quienes sabemos que SOMOS EL CAMBIO, si estamos juntas, juntos, juntes. Si nos organizamos.

El lunes 17 de junio, para quienes ese fueguito sigue encendido en el alma, les decimos: no apaguen la llama. Vamos juntando los pensamientos, los corazones y las palabras. Vamos naciendo al sol, vamos organizando la esperanza, vamos escribiendo nuestro futuro. Falta lo que falta.


Hoy y siempre, #ElijoDignidad